Gingersito
Ginger: Y yo aquí con 8 trabajos, explotada laboralmente… (risas)
P.M.: Cuéntamelo todo
G: Bebé, siendo muy sincero, más allá de “enlazar” mi vida creativa, es decidir ¿qué es lo que quiero? Y lo que no quiero. He pasado por miles de trabajos, unos súper culeros, he sido hasta mesero en un restaurante, hasta que al tercer día dije: “¿Sabes? Esto no es lo que quiero, luego Dios proveerá, chica, y veré qué hacer”. He tenido épocas en las que no sé qué hacer, tengo bloqueos, pero siempre tengo la certeza de que estoy en pro de lo que siento. Y muchas veces lo que siento es ímpetu de crear, crecer y expandir.
Mi palabra en este momento es “expansión”. El canal de expandir es lo que hago con mis manos, bajar ideas y plasmarlas en este mundo. Siempre estoy en función de una idea. En cuanto a la vida cotidiana… pasa a un segundo plano. Mi vida es un mierdero a veces, pero ahí no se enfocan mis ojos, yo me enfoco en el “hacer” y no desde lo productivo, sino hacer desde el amor, como búsqueda de uno mismo y de lo que quiere amar de por vida.
Un día una gran compañera de vida me dijo: “Busca algo que ames y deja que te mate”. Me parece muy acertado. Y bueno, lo que le digo a mis amigos es: “Amiga, renuncia al trabajo, múdate de casa, toma esa decisión radical” porque eso hace que te encuentres a ti misma, y logres pasar esos límites mentales… no sé cómo llamarlo: ¿insignias limitantes…?
P.M.: Un modelo mental
G: Exacto. Yo soy muy pro de decir: “Amiga, renuncia, cómprate el par de zapatos, you’re just a girl, eventualmente vas a solucionar”.
P.M.: Justo en esta etapa de mi vida he estado pensando que cuando uno está más joven idealiza la vida en el arte y critica mucho a los que no la tienen. Yo juzgaba mucho a mis padres por escoger una vida formal, un trabajo y haber “olvidado” sus pasiones. Ahora que estoy entrando a mi adultez digo: Jueputa, es una decisión de todos los días no ir abandonando esas cosas, por otras que son igual de necesarias. La autonomía…
P.M. & G: ¡La economía!
P.M.: …Porque listo, tengo un trabajo y ese trabajo me regala un espacio en el que puedo ser creativa, pero es muy difícil balancear la estabilidad y la practicidad con el deseo de una expresión creativa, y ser persistente y escogerla porque es lo que realmente se quiere hacer. Entonces, cuando me dices lo de “Amiga cómprate los zapatos” es una expresión que aplica para muchas cosas. Porque estas decisiones, sea cual sea, son un riesgo que hay que tomar.
G: Bebé, y está bien si no lo tomas, también he estado en esa posición. Igual, tú no eres tu trabajo de 9 a 5. No eres lo que haces ni lo que produces. No sé cómo explicarlo porque es como el amor, uno no puede explicarlo con palabras. Pero hay algo que yo siento cuando creo, plasmo y bajo la información al mundo tangible. Es una satisfacción tan inmensa que no sé cómo compararla con otra cosa…
P.M.: Es como rezar
G: Sí. Y ¿sabes? Yo estoy tan seguro de lo que quiero que no importa que se me atraviesen mil cosas gonorreas, yo voy por ello. Sé y confío tanto en mí y en lo que hago que, así salga la chonetada más grande, voy a seguir intentando una y otra vez. Porque no es de gratis que tú pienses, ni que tengas esta psique… Me pasó algo muy gracioso aquí (París) la primera semana: entré a un pop up a mirar cositas y me encontré un vestido rojo increíble —a mí la interacción con el vestuario me ha enseñado mucho— y dije: Lo necesito. Me quedó perfecto, y me pregunté: ¿cuándo voy a estar en la misma situación, el mismo vestido, la talla precisa? Porque son de esas piezas que van a estar conmigo por toda la vida, me representa desde adentro. No es el hecho de comprar y tener, sino de encontrar cosas que conecten contigo. El caso: la cajera me dijo: “Es el último que me queda” y yo como: Bueno, perra, ¿cuánto cuesta? El caso es que me terminé gastando toda la plata del mes. Salí traumatizada, pero al otro día me puse mi vestido y me sentí tan especial que, solo por el hecho de sentirme como me sentí, valió la pena decir: “Yo resuelvo eventualmente”. Y en este momento estoy con $17 para el resto de la semana en París, pero voy a resolver. Es darte la oportunidad —no de hacer locuras— sino de serle fiel a lo que sientes e ir en contra de esas normativas que tú te has impuesto: “Tengo que ser controlado, medirlo todo…” chica, ¡no! A veces solo hay que comprarse el vestido rojo.
Es lo mismo del vestido: “Soy consciente de que me van a quedar $17 para el resto de la semana y lo voy a hacer, está en armonía con las decisiones que quiero estar tomando”. Sin bien, ni mal.
G: Yo justo pensé esta semana, Patti Smith vivió una semana con nada…
P.M: ¡Total! En París, durmiendo en un cuartico pulgoso.
G: Recuerdo en Just Kids donde dice que a veces no sabía si pintar o comer. Y compraba pinceles en vez de comida. Y yo me dije: “Chica, la entiendo”. Yo voy por los pinceles, cueste lo que cueste, y mira quién es Patti Smith. Las cosas no se dan de la noche a la mañana, pero se dan creyendo en lo que se hace y, aunque parezca absurdo, siempre hay que seguir la intuición.
P.M: Me molesta —en mi experiencia humana— el hecho de que el éxito y el reconocimiento sean importantes. Porque es una meta para muchos, para mí incluida. Pero el hecho de hacer las cosas por el simple hecho de que es la vida que uno quiere vivir es mucho más digno y respetable —en mi opinión—. Así Patti Smith se hubiera convertido en indigente y no en una estrella, es indiferente porque nadie está viendo que yo estoy escogiendo comprar pinceles en vez de comida, pero de la manera que vivo es mi arte, es mi vida en el arte. El arte también es cómo me relaciono con lo que me rodea sin esperar que alguien lo esté percibiendo. Es como un acto de comunión con Dios. La relación que uno tiene con el acto es más valiosa que el resultado, es más valiosa que la obra que voy a crear con esos pinceles.
G: En la moda, a veces tengo ideas muy grandes y, cuando las bajo, el primer boceto o harapo que coso a las carreras sale una mierda, pero también es entender que cada prenda tiene su forma y su tangibilidad. Darle el espacio a lo desconocido y a la duda es importante. Esa brecha que se abre entre el “yo soy”, el “yo artista” y lo que creo va más allá del entendimiento. Entonces, cuando hablas de la intención del arte es importante porque en ese pequeño espacio se hallan respuestas e ignorarlo —sus ruidos y silencios— nos hace entrar en contradicciones.
Yo trabajé en una empresa y era infeliz creando piezas publicitarias comerciales, pero yo me decía: “Si puedo poner todo mi sueldo en las piezas que estoy creando, estoy feliz y puedo sacrificar todo este tiempo de mierda y los regaños solo por saber que estoy materializando”. No hay nada más valioso que este proceso. Yo no soy una persona de espacios muertos, a mí me gusta el caos y el movimiento, tener adrenalina al tope —no el cortisol— sino el hambre de comerse el mundo. Es la manera en que aprendí a vivir, y no me veo en otra vida. He intentado otras maneras, pero me doy cuenta que por allí no es.
…Para mí, más que darle espacio a lo creativo en mi vida, es expandir mi vida creativa y que el resto de cosas se acomoden a ella.
G: Qué chimba que te des la oportunidad de parar y decir “por acá no fue”.
P.M: Y esa situación también tiene mucha información: “¿Qué no me gustó? ¿A qué olía? ¿Cómo se sintió?”. En estos días estaba hablando con un tío que es un físico brillante y me hacía la analogía de que la vida que uno construye es una casita y vives en ella, pero al lado vas construyendo otra nueva, un poquito mejor, llena de tus proyecciones y metas y, cuando es el tiempo, te vas a vivir a ella. Pero no se derriba la anterior, se van construyendo y, a través de la vida, uno va creando un barrio, un ecosistema, y se convierte en la historia de vida de uno. Y hay casas que uno puede llevar a la mitad y decir: “Esta casa no me gusta, no quiero vivir acá”. Lo que me gusta de esa imagen es que uno no tiene que derribar las cosas que escoge no ser.
G: Sí, pasar por ese barrio y ver que se intentó y está bien que no me haya dado…
P.M: ¿Qué información —situaciones, cosas, libros, pelis— has consumido últimamente que te parezca relevante?
G: Hay muchas cosas… Algo que me impacta es que el agua sepa como en la costa. Odio ese sabor. ¿Visualmente rico? … hmmm. Cuando llegué a París sentí como un puñetazo en la cara y dije: “Esto me gustó”, entré a una burbuja de movimiento y transición. Yo no esperaba un París lindo que oliera a princesa, yo quería ver las calles cochinas, la gente, la experiencia real de la ciudad, a no toquecitos. Siento que la gran inspiración de venir aquí es hacerlo a mi modo, quedarme tirado en una manga 5 horas y no estresarme porque no vi la torre Eiffel.
Esperaba mucha más información, más riqueza visual y estética… Medellín, así sea en el antro más gonorrea, me propone mucho más que lo que he llegado a ver aquí. Obvio París tiene su vibe de “chica haute couture” que usa fashion silencioso… pero no estoy anonadado, también me siento un poco triste por eso. Antes de venir una amiga me dijo: “Tú eres una persona súper difícil de sorprender” y aquí reafirmé que mi capacidad de sorpresa no es debido a la ostentosidad, ni elegancia o finura, sino discursos verbales, visuales, sensitivos, sensoriales que tocan algo en mí que me hacen reír, llorar, soñar. Que toquen. Lo que pasa es que acá tienen mucho más acceso a cosas que nosotras como latinoamericanas no. No es estilo, es acceso. Nosotros no tenemos una tienda Loewe en el parque del Poblado, siento que es una ilusión linda de ver, pensada para el disfrute visual, pero aveces carece de un alama auténtica.
P.M: Una puesta en escena.
G: Exacto. Como colombianos y latinoamericanos hemos tenido eso de crecer desde adentro, desde la raíz. Nuestro bagaje e historia viene marcada por otras cosas, pocas veces hay tiempo para las vitrinas y apariencias. Entonces, más que información, mi experiencia aquí y lo que he consumido relevante son experiencias sensoriales. El mar: es salado pero no lo suficiente como para querer salir corriendo. El aire: Es seco y alejado de lo tropical, mi mejor descripción del olor de París es: Tabaco, Chanel N5, axilas sin bañar de tres días y calles llenas de miados. Y eso me encanta.
P.M: Lo que pasa, por ejemplo, con respecto a la chica metafórica que mencionas, que seguramente usa Prada y Miu Miu, es que se siente muerto.
G: Se siente sin vida.
P.M: La ropa que es una herramienta de expresión y no está conectada con nada adentro, entonces muere, se marchita.
G: Es un discurso de consumo.
P.M: En contraposición a eso está París, la ciudad. Que tiene una esencia: orín, Chanel… pero se conecta a algo, ocupa tiempo y espacio en el mundo. Tiene corporeidad. Mientras que las cosas que no tienen esencia son fantasmas.
G: ¿Dónde está el estruendo, el caos visual, la mañesada?
P.M: Los puntos de vista…
G: ¿Dónde está ese “no lo entiendo”?
P.M: ¿Dónde está el hedor? Ese olor que no se sabe qué es.
G: Las personas vienen buscando la inspiración y la verdad, la inspiración está más adentro que afuera.
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